Suite 101 · documentación técnica
Mapas, decisiones y medidas de la plataforma, escritas para leerse sin ser programador. Cada página sale del código desplegado, no de un plan.
Dos apps hablan de la misma pieza de mueble. ¿Qué campo dice que son la misma? La respuesta —el código, no el nombre— decide qué se unifica solo, qué se pregunta y qué se deja en paz. Y de paso: por qué el estado de cuenta de un cliente no se pudo sacar de la pantalla que ya existía.
Un taller le paga a su gente cada semana y lo apunta en una libreta. Esto es esa libreta, con tres cosas que una libreta no puede: que el dinero salga de una cuenta de verdad, que el estado de cuenta diga a quién se le pagó, y que lo que gana cada quien no lo vea cualquiera. Lo que NO hace —calcular IMSS e ISR— es la decisión más importante del diseño.
Tres apps hablan del mismo trabajo: quote101 lo cotiza, dash101 lo cobra y quell101 lo instala. Hasta ahora cada una guardaba su propia copia del cliente y de la lista de piezas, y nadie sabía cuál era la buena. Estos cuatro contratos hacen que sea una sola: la obra se liga al proyecto, el ítem lleva cuántas piezas son y cuántas faltan por colocar, y el cliente se reconoce por parecido y se fusiona.
Un cobro y su CFDI son el mismo hecho contado dos veces. Si el sistema los deja capturar por separado, tarde o temprano no coinciden, y el que no coincide es el número que se le da al SAT. Esto es cómo quedaron amarrados: la espera de la factura vive en el movimiento, el total sale del movimiento, y la marca de «ya está» se apaga sola.
Cualquiera de la empresa pide una compra desde su teléfono y le cae directa al buzón de quien paga, sin que nadie la autorice antes. Al marcarla pagada, dash101 registra el egreso solo, guarda el comprobante y le avisa por correo a quien la pidió. Encima va la contabilidad fiscal, y su idea manda sobre todo lo demás: no hay dos contabilidades. Hay una sola lista de movimientos, y la fiscal es esa misma lista filtrada por «facturado».
draw101 y nest101 se abren entrando con la cuenta de la suite: correo y contraseña, o Google. La clave tecleada se queda como segunda forma, pero deja de ser la principal. Y en master101 hay un visor que dice qué correos tienen licencia vigente, de qué tipo, en cuántos equipos y hasta cuándo. El tipo —de dónde salió la licencia— y la vigencia —si vence o no— son dos columnas distintas, a propósito.
La bitácora de obra dejó de tener base propia: sus datos viven en la base por empresa de la suite, junto con los de las demás apps, y su motor corre dentro de la API. Es la primera app que se muda; roster101 sigue el mismo camino. Cómo se hizo sin cambiar una sola regla de obra, y cómo se trajeron los datos.
Los expedientes de trabajadores dejaron de tener base propia: viven en la base por empresa de la suite, junto con los de las demás apps, y su motor corre dentro de la API. Es la segunda app que se muda, tras quell101, y con ella se retira la «central» de roster101: el alta de una empresa va por master101. Las dos puertas —el trabajador con su correo y un código, la empresa con su cuenta de la suite— siguen siendo dos.
Lo que pasa, en orden, desde que MASTER101 llena un formulario hasta que el director de la empresa cliente entra a su panel y da de alta a su gente. Y cómo se cobra, se suspende y se reabre una empresa sin tocar código.
El taller invita a su cliente a ver el plano de su obra y le manda los puntos que necesita que defina: color, medida, dónde va el contacto. El cliente contesta sobre el plano, con foto si hace falta, y puede preguntar. Lo interno del taller nunca le llega, y eso lo garantiza el servidor, no la pantalla.
Dónde están las pantallas, dónde el servidor, dónde las bases de datos y por dónde viaja la información. Tal como está desplegado hoy, más lo que falta para que dar de alta una empresa sea automático y para venderla en un dominio propio.